Amor a Primera Vista

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La noche antes de viajar a Cape Town no dormí. Mi mente me hizo una mala jugada. El reloj cruzaba la media noche y con cada minuto creaba una escena aterradora. ¿Será tan inseguro como me han dicho? ¿Qué tal que me pierda? ¿Estará bien protegido Tommaso? ¿Y si le pasa algo? Y así, pasé la noche con pensamientos negativos creados por el miedo o el ego, que no es más que la falsa separación de nuestra mente del AMOR o del TODO. Cuando vuelves al amor, todo fluye.

Decidí escribir mi primer blog durante el vuelo y con este recordé por qué había aceptado mi cita a ciegas con Cape Town para vivir un año con ella. Y fue así, con el corazón abierto y acelerado que la vi por primera vez. Fue amor a primera vista. Sus formas, sus colores, sus olores, su sonrisa, todo me gustó. Soy bastante citadina pero en ningún lugar del planeta me siento más plena y conectada como cuando estoy en la naturaleza, y en esta ciudad te abraza la naturaleza!!

Nunca antes vi una geografía tan hermosa y poderosa en un contexto urbano. En este lugar recuerdas que tú eres parte de la naturaleza y no vice versa. Las montañas son sencillamente espectaculares, las playas blancas preciosas con rocas enormes y olas gigantescas. La diversidad biológica parece infinita: más de 8.200 especies de plantas hay identificadas en la península del cabo, 3 veces más por kilometro cuadrado que en todo Sur América. Tiene parques por todas partes, en el centro, en las montañas, en barrios residenciales, en todas las esquinas hay verde! Y viento, mucho viento! Y sol, y cielo azul, y nubes que se mueven sin cesar haciendo figuras fantásticas y hasta un brillante arco iris pude ver el tercer día. Amor a primera vista. Amo esta ciudad-natura.

 

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Su gente es de mil colores. De los 3.1 millones de habitantes la mitad son “coloured,” (personas mezcladas entre diversas razas), un tercio son negros y el resto blancos. Entre los coloured hay una diversidad muy grande. Muchos llegaron al Cabo como esclavos de la India, Malasia e Indonesia y otros como prisioneros políticos y exiliados de las Indias Orientales holandesas. Y a esto se suman los holandeses e ingleses que llegaron durante las colonias y los de todos los países del mundo que en los últimos 20 años han elegido a Ciudad del Cabo como su casa. Esta diversidad se expresa en riqueza cultural.

Cada barrio tiene su propia identidad y su historia y así lo refleja su arquitectura, los bares, los restaurantes. La comida es tan diversa como exquisita. El arte habla en las calles, se siente por todas partes. Esta ciudad ha sido tan importante para el desarrollo del Jazz que existe un subgénero que se llama Cape Jazz. Me encanta. Queremos clases de tambores para toda la familia.

Son muchas las cosas que siento en esta fase de enamoramiento. Como en las relaciones humanas hoy todo brilla. Camino despacio, me río a carcajadas. Quiero bailar, cantar y sacar la mano por la ventana. Cada día es una sorpresa, una fantasía. Ver a Tommaso con todos sus sentidos despiertos absorbiendo esta experiencia vale oro. Todo fluye. Todo es curioso. Cada medio de transporte me ilusiona, hasta en los taxis colectivos hemos hecho amigos. La gente es amable, abierta y generosa. Siento que esta ciudad nos ha abierto sus puertas para que sigamos descubriendo los regalos de esta nueva aventura.

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Como en las relaciones humanas, más allá del hechizo en el enamoramiento hay facetas que quisieras no ver pero que hacen parte central de su identidad y su historia. La experiencia sería irreal si te niegas a verlo. Ayer fue el primer día que visitamos los Townships que fueron creados durante el Apartheid como parte de la estrategia de la segregación racial, que a pesar de haber terminado hace más de 20 años se siguen sintiendo dramáticamente sus consecuencias. Escribiré más adelante sobre esta experiencia. Mientras tanto, la frase de mi hijo Tommaso la resume. “¿Mami, cuándo volvemos a la otra ciudad?”. Estábamos en Cape Town, a veinte minutos del paraíso descrito arriba.

“El 95% de los blancos de esta ciudad jamás ha venido a estos barrios”, nos dice el director del centro del African Center for Cities antes de despedirnos. Yo quiero verla, sentirla y entenderla. Le da sentido a mi vida saber que me involucro, que participo en ella. Para que un amor a primera vista realmente trascienda hay que explorarlo, conocerlo, dar sin esperar nada a cambio, aprender y enseñar y sobretodo nutrir ese amor día a día para seguir vibrando a pesar de sus sombras y oscuridades.

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